La falta de empatía de muchísima gente

Ángel Jesús Naranjo Castro “Harry”.- Moral de Calatrava, 21 de agosto de 2026.-Vivimos en una sociedad donde constantemente se habla de valores como el respeto, la educación y la solidaridad. Sin embargo, existe una cualidad que, aunque se menciona con frecuencia, parece estar cada vez más ausente en muchas situaciones cotidianas: la empatía.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, comprender cómo se siente y entender las circunstancias que está viviendo. Parece algo sencillo, pero la realidad demuestra que no siempre se practica. En demasiadas ocasiones encontramos personas que solo piensan en sí mismas, en sus necesidades y en sus prisas, sin detenerse a considerar lo que puede estar pasando quien tienen delante.

Es habitual ver a clientes impacientarse con una camarera o un camarero que está atendiendo un establecimiento abarrotado de gente. También ocurre con mecánicos que trabajan prácticamente solos en un taller o con conductores de autobús que están dando sus primeros pasos en la profesión. En lugar de recibir comprensión, muchas veces se enfrentan a críticas, exigencias y comentarios injustos.

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La falta de empatía también se manifiesta en actos que pueden parecer pequeños, pero que dicen mucho sobre nuestra forma de comportarnos. Recuerdo una ocasión en la que el presidente de una hermandad estaba dirigiéndose a los asistentes durante una reunión. Mientras hablaba, varias personas no dejaban de conversar entre ellas, obligando a llamarles la atención en más de una ocasión. Aquella actitud no solo demostraba una falta de respeto, sino también una evidente incapacidad para ponerse en el lugar de quien estaba intentando transmitir un mensaje al resto.

Por desgracia, este tipo de comportamientos siguen estando muy presentes en nuestro día a día. La empatía no consiste únicamente en entender los problemas de los demás cuando nos afectan directamente, sino en ser capaces de comprender que cada persona tiene sus propias dificultades, responsabilidades y preocupaciones.

Quizá nunca consigamos eliminar por completo la falta de empatía de nuestra sociedad, pero sí podemos empezar por nosotros mismos. Escuchar más, juzgar menos y tratar de comprender las circunstancias de quienes nos rodean son pequeños pasos que pueden marcar una gran diferencia.
Porque, al fin y al cabo, la empatía no es otra cosa que algo tan humano como ponerse en el lugar de otra persona.