La vendimia ha sido durante generaciones uno de los momentos fundamentales del calendario agrícola de Moral de Calatrava. El paisaje moraleño cambia a finales del verano: las cepas cargadas de racimos anuncian la llegada de unos días de intenso trabajo en los viñedos y en las bodegas.
De la vendimia tradicional a la mecanizada
Antiguamente, la vendimia era fundamentalmente manual. Familias enteras acudían a las viñas provistas de tijeras o navajas, capazos y espuertas. Los racimos se cortaban uno a uno y se trasladaban hasta los remolques o carros.
La jornada comenzaba muy temprano, aprovechando las horas más frescas. Después llegaban las horas de mayor calor, mientras los caminos rurales registraban un continuo movimiento de carros, tractores y trabajadores.
Con el tiempo, la mecanización transformó radicalmente el proceso. Hoy existen empresas agrícolas de Moral que realizan recolección mecanizada de la uva, además de otros trabajos especializados en el viñedo.
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Una tradición profundamente arraigada
La cultura de la vid en el Campo de Calatrava tiene raíces muy antiguas. La documentación arqueológica de la comarca demuestra la existencia de producción y consumo de vino desde épocas prehistóricas, continuando durante las épocas ibérica y romana.
En el caso concreto de Moral de Calatrava, la actividad vitivinícola adquirió una importancia especialmente notable durante los siglos XIX y XX. Un momento decisivo fue la llegada del ferrocarril: la construcción de la línea Valdepeñas-Puertollano comenzó en 1893, pasando por Moral y favoreciendo el comercio vitivinícola.
El ferrocarril permitió que el vino y otros productos agrícolas moraleños pudieran salir con mayor facilidad hacia otros mercados, contribuyendo al desarrollo económico de la localidad.
Septiembre: el pueblo huele a vendimia
Una descripción publicada sobre la vendimia moraleña resume muy bien esa dimensión cultural: algunos años comienza a finales de agosto y otros a mediados de septiembre, y durante esas semanas “Moral de Calatrava huele a vendimia”.
También forman parte de esta cultura los dichos populares:
«Para Santiago y Santa Ana pintan las uvas, para la Virgen de agosto ya están maduras».
Y la gastronomía tradicional está ligada a la campaña. Las migas, por ejemplo, se han asociado especialmente a los días de septiembre de vendimia y se acompañaban tradicionalmente con uvas.
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El vino como patrimonio económico
La vendimia no termina en la viña. La uva llega a las bodegas, donde se analiza, pesa y procesa para convertirse en mosto y posteriormente en vino.
Actualmente Moral mantiene una importante actividad vitivinícola, con producción vinculada, entre otras, a la Denominación de Origen Valdepeñas. La Cooperativa Santiago Apóstol comercializa vinos blancos y tintos bajo esta denominación.
Bodegas Moralia, es una bodega nacida en 2002. Iniciativa de un grupo de viticultores y empresarios locales que recuperaron una tradición bodeguera que había caracterizado el municipio desde finales del siglo XIX.
Bodegas Quinta de Aves, bodega ecologíca. Ha evolucionado hacia un modelo sostenible, obteniendo en 2023 la certificación ecológica oficial. En sus instalaciones figuran sistemas de aprovechamiento de agua, control digital de riego, placas solares y una sala de barricas soterrada.
Bodegas Nieto Coll, la actividad de la bodega ha evolucionado considerablemente, en sus primeros años elaboraba vino blanco y tinto acogido a la Denominación de Origen Valdepeñas. Actualmente su actividad está orientada a la elaboración de mosto.
La vendimia moraleña es, por tanto, mucho más que una campaña agrícola: es paisaje, trabajo, economía, gastronomía y memoria colectiva. Es una tradición que ha sabido adaptarse desde los antiguos vendimiadores con espuertas y carros hasta las modernas máquinas recolectoras, pero que continúa marcando el final del verano en Moral de Calatrava.























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