La Junta reclama más financiación para afrontar las autovías del IV Centenario y Toledo-Ciudad Real

La mejora de la financiación autonómica será clave para que Castilla-La Mancha pueda afrontar algunas de las grandes infraestructuras viarias pendientes en la provincia de Ciudad Real, entre ellas la prolongación de la Autovía del IV Centenario y la conexión por autovía entre Ciudad Real y Toledo.

Así lo ha defendido la delegada de la Junta en Ciudad Real, Blanca Fernández, durante una entrevista en la que ha asegurado que el Gobierno regional «no renuncia» a ninguna de estas actuaciones, aunque ha advertido de que su ejecución requiere disponer de mayores recursos.

Fernández ha recordado que siete de cada diez euros del presupuesto regional se destinan actualmente a sanidad, educación y bienestar social, una prioridad que, según ha explicado, limita la capacidad para acometer infraestructuras de gran envergadura con recursos propios.

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En este contexto ha situado la prolongación de la Autovía del IV Centenario, una reivindicación histórica especialmente en el Campo de Montiel. El proyecto inicial planteaba conectar Ciudad Real con Valdepeñas, aunque únicamente llegó a ejecutarse el tramo entre la capital y Granátula de Calatrava.

«Si en la próxima legislatura contamos con esa financiación, no me cabe duda de que va a haber autovía del IV Centenario», ha asegurado Fernández, vinculando directamente la continuidad de esta infraestructura a la disponibilidad presupuestaria de Castilla-La Mancha.

La delegada ha enmarcado esta petición en la posición que viene manteniendo el presidente regional, Emiliano García-Page, ante la reforma del modelo de financiación autonómica. Fernández ha reclamado un sistema «lógico y razonable» que garantice «la igualdad de los españoles, vivan donde vivan» y ha rechazado que el reparto de recursos pueda diseñarse atendiendo principalmente a las exigencias de Cataluña.

El secreto magmático del Campo de Calatrava: más de 300 conos y cráteres transforman La Mancha en un referente de geoturismo europeo

Fenómenos eruptivos históricos han modelado una geografía repleta de maares y lagunas que atraen a viajeros interesados en la cultura medioambiental

España no es solo tierra de llanuras infinitas y molinos cervantinos. Bajo el suelo de Ciudad Real late un secreto geológico que desafía los tópicos: el Campo de Calatrava, uno de los focos volcánicos más importantes de Europa Occidental. En este escenario emerge con autoridad el Cerro Gordo, situado entre Granátula de Calatrava y Almagro, que ostenta el título de ser el primer volcán musealizado y visitable de toda la Península Ibérica.

Un santuario de magma y ceniza

Este gigante dormido, con un eje de 1.000 metros y una profundidad de 830 metros, ofrece una ventana única al centro del planeta. Su fisonomía actual es fruto de su pasado como cantera de puzolanas; una explotación minera que, paradójicamente, permitió seccionar el cono y revelar sus capas estratigráficas. Según los informes técnicos de especialistas en geología y análisis documental, esta singularidad científica impulsó en 2016 su apertura al público, permitiendo al visitante caminar por el interior de una erupción congelada en el tiempo.

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La relevancia del enclave no es un hecho aislado. La provincia de Ciudad Real custodia más de 300 edificios volcánicos, configurando un paisaje dominado por los «maares»: cráteres anchos originados por explosiones freatomagmáticas. Fenómenos como la Hoya del Mortero o la Laguna de la Posadilla son testimonios de esta violencia geológica que ha esculpido la geografía nacional a través de los milenios.

Blindaje patrimonial y reclamo turístico

Para salvaguardar esta joya, la Junta de Comunidades de Castilla-La Manchaha otorgado la figura de Monumento Natural a la mayoría de estos espacios, incluyendo la Hoya de Cervera o la Laguna de la Alberquilla. El «cinturón de fuego» manchego se ha convertido en un eje de desarrollo que tiene en Almagro su epicentro. Allí, el estudio de las coladas de lava convive en armonía con el Corral de Comedias y la excelencia gastronómica local, atrayendo a un perfil de viajero que busca profundidad científica y rigor cultural.

España consolida así su liderazgo en el turismo geológico internacional, ofreciendo una alternativa de alto valor que compite con los grandes destinos europeos. El Campo de Calatrava es la prueba definitiva de que la fuerza de la naturaleza que moldeó el centro de la Península hace millones de años sigue siendo, a día de hoy, uno de nuestros patrimonios más fascinantes y por descubrir.

La Razón, 7 oct 2026